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Ciclo de Intervención Social
Al revisar la literatura especializada acerca de la intervención social, se puede apreciar que existe muy poca referencia al marco teórico ordenador de las políticas sociales. En general, hacen mención a la necesidad de mejorar su desempeño por medio de una evaluación más exhaustiva, o se propone la creación de nuevas políticas; pero poco existe acerca de la definición misma de política social, acerca del proceso por el cual ésta es concebida y por lo tanto el marco sobre la cual podrá ser evaluada. A nuestro juicio cada política social forma parte de un proceso mayor, que puede ser definido como ‘intervención social’, entendida como un proceso integral por el cual los Estados dan respuesta a los distintos conjuntos de problemáticas que existen en los países. En ese sentido, cada proceso de intervención deberá asociarse a un ciclo de asignación de recursos (por medio del gasto social) destinado diferenciadamente a cada sector social, iniciándose este ciclo de intervención con la jerarquización y conciliación de distintas ‘líneas programáticas’, que no son otra cosa que la expresión particular de cada una de las problemáticas que se presentan. Cada una de éstas generan más de un objetivo, por tanto el fenómeno mismo de la intervención se hace dinámico, cambiando permanentemente frente a los nuevos escenarios y coyunturas.
En este escenario, cabe hacerse una primera pregunta: ¿sobre qué bases es posible compatibilizar y priorizar las distintas necesidades de intervención social?. De otra forma, ¿sobre qué marco se puede decidir si hay que reducir la inflación o fomentar el empleo o si se aumenta la producción industrial o se protege el medio ambiente?. Lo que decimos es que todo ciclo de intervención debe tener un trasfondo teórico que lo sustente mas allá de lo puramente técnico. Es justamente este trasfondo el que hace posible esa compatibilización, independiente de las propiedades específicas o problemáticas concretas que presenta cada sector (vivienda, salud, educación, etc.). En ese entendido, el desarrollo puede perseguir muchos objetivos distintos entre sí, alcanzar un determinado nivel de vida (en términos de ingreso, seguridad social, etc.), o disminuir de alguna forma el porcentaje de personas en riesgo social (como quiera que este sea definido), o lograr movilizaciones sociales que ayuden a las personas a aspirar y tener mejores condiciones de vida, o lograr un aumento en el ingreso nacional, etc.
Esto da origen a una segunda pregunta: ¿Cómo incorporar a las estrategias de desarrollo un marco axiológico que integre dimensiones olvidadas por el desarrollo económico, y que dan cuenta de su fracaso, (desigualdad, pobreza, medioambiente, etc)?
Como quiera que sea, e independiente del objetivo del cual se trate, lo importante es que desde aquí tiene que realizarse la jerarquización y elección de las políticas sociales; y más aún, desde aquí ha de ser evaluada. Esto origina una tercera pregunta: ¿Cómo formular un modelo de evaluación que incorpore esas dimensiones olvidadas de forma que no se vuelvan a olvidar?
En términos generales entendemos la intervención social como el proceso que involucra el pensar en una estrategia de desarrollo, planificar políticas sociales acordes a esa estrategia (producto además de un cierto diagnóstico y diseño), la ejecución de estas políticas (en la forma de programas y proyectos sociales) y la posterior evaluación de todo esto. Importante es hacer ver que la evaluación es parte de lo que denominamos intervención social. Cada uno de estos elementos por sí solos y trabajando de manera desarticulada, no poseen suficiente fuerza para generar un cambio con características sustentables, es la adecuada combinación de estos factores lo que aseguraría en última instancia la sostenibilidad de una intervención.
Imaginemos el proceso de intervención como el resultado de un proceso de interacción iterativa a varios niveles. Aunque el siguiente razonamiento aparezca obvio, creemos que es muy útil para organizar los distintos elementos que a nuestro juicio intervienen es este proceso.
El siguiente esquema muestra de manera muy simplificada este modelo explicativo:
Cuadro N°1: Esquema simplificado de análisis de la intervención social

Este esquema propone relevar la importancia del primer componente (la concepción) como elemento esencial de la intervención. Su importancia radica en que siempre que surge la pregunta acerca de la prosperidad, crecimiento o de desarrollo de una región; y sobre la calidad de vida de sus habitantes, sigue presente el problema de cómo este puede ser determinado. De otra forma, ¿qué información se requiere para "evaluar" el crecimiento o desarrollo de una región determinada?, ¿qué criterios son importantes de considerar al momento de escoger los indicadores para hacer la evaluación?. Con todo el problema que se presenta es todavía más complejo, por que si realmente queremos conocer el "progreso" de una región, necesitamos saber, no solo con cuánto dinero cuentan sus habitantes, sino también de las posibilidades que tienen con ese dinero y sobre todo de las capacidades para gestionar sus propias vidas. Necesitamos saber sobre su salud, de su educación; y no solo de su disponibilidad, sino también de su naturaleza y calidad; es necesario saber sobre el trabajo que realizan. Todavía mas, es necesario saber de qué privilegios legales y políticos gozan sus habitantes, y que libertades tienen para conducir sus relaciones sociales y personales. Para llegar a determinar la importancia de medir cada uno de estos elementos, se necesita contar con una idea de los que significa el desarrollo. El desarrollo debe ser relacionado con la mejora de las condiciones de vida de la población, de otro modo carece de sentido. En este entendido, la política social, y en especial aquellas medidas orientadas específicamente al alivio de la pobreza, como los fondos de inversión social y los programas especiales para poblaciones vulnerables o en riesgo social, han estado orientadas generalmente por un determinado diagnóstico de la situación social donde destaca el empleo de ciertos indicadores de desarrollo que generalmente se remiten al Producto Nacional Bruto per cápita (PNBpc) o Producto Interno Bruto per cápita (o PIBpc ) -considerado como medida de crecimiento-, la línea de pobreza y a las necesidades básicas insatisfechas, que se han transformado en un elemento clave a la hora de formular políticas públicas. En la actualidad quizás sólo el Índice de Desarrollo Humano (IDH ) elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), goce del mismo favor que el PNB (o PIB) en los medios de comunicación, siempre atentos a las comparativas internacionales.
En este punto la investigación pretende aportar un cambio en la forma de concebir la evaluación del desarrollo, dado que si bien las comparaciones internacionales (transversales) son relevantes y significativas a un cierto nivel, tienen un valor cognoscitivo mucho más limitado del que poseen las comparaciones relativas a un mismo país (longitudinales), dado que en última instancia, de lo que se trata es de analizar la estrategia de desarrollo, la evolución de una economía o de una sociedad particular y en un período de tiempo determinado. A lo anterior se suma el hecho de que toda 'comparación' transversal (como lo es entre países), lleva aparejada dificultades técnicas, como por ejemplo, la necesidad de asegurar que los términos de comparación sean idénticos, problema especialmente complejo a la hora de sistematizar las estadísticas disponibles en los distintos países, lo que implica además la comparación de un cierto número de indicadores que reflejan sólo algunos aspectos del desarrollo, sin importar si esta estrategia ha sido adecuada para la particular realidad en que se ha implementado. Lo que queremos decir es que estos indicadores generalizan y asumen una idea de desarrollo igual para todos aquellos países sujetos de análisis, sin considerar las particularidades de cada uno de ellos. Esto refuerza una primera definición importante para esta investigación: los indicadores de desempeño de determinada política social son relevantes bajo un determinado paradigma de desarrollo, y por tanto su medición tiene que estar anclada a una conceptualización de desarrollo que fundamente su diseño.
Siguiendo con este planteamiento, la presente investigación pretende sistematizar una conceptualización del desarrollo que entregue elementos para la construcción de metodologías y medidas que permitan elaborar una apreciación regional del desarrollo, en el sentido de tener una imagen más global del mismo. Como se adelantó en el ‘modelo explicativo’, esta 'apreciación' supone la existencia tanto de una evaluación intrínseca de los programas públicos -medida en términos de los objetivos específicos y efectos esperados asociados a la estrategia empleada-; como de una evaluación en términos de los impactos no esperados u objetivos de más 'alto rango'.
[1] Una de las cuestiones debatidas recientemente en torno a las políticas sociales dice relación con la falta de vínculo que existe entre las políticas públicas y un proyecto de desarrollo específico.
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